Las decisiones de inversión están profundamente influenciadas por la psicología financiera, que abarca emociones como el miedo y la avaricia, además de sesgos cognitivos. Comprender estas dinámicas permite a los inversionistas actuar de manera más consciente y estratégica, mejorando su rendimiento en el mercado. La educación financiera y la autoconciencia son clave para lograr un futuro económico sólido.